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Sociología de la Información y Periodismo Digital

La nueva sociedad de la información

El desarrollo, además de vertiginoso, de los Mass Media plantea hoy en día cambios verdaderamente drásticos que han colocado en el tapete consideraciones irrevocables de participación y control de quienes sólo podían consumir mensajes sin posibilidades reales de generar una plataforma crítica, al parecer a los teóricos sólo se les ocurrió darles el nombre de masa muy a pesar de algunos que intentaban sociabilizar, en la medida de lo posible esta tendencia.

Muy a pesar de los escépticos, el nacimiento y crecimiento “desmedido” de Internet como herramienta para la distribución de información y conocimientos científicos y educativos, ha resultado ser el eslabón en el que los llamados receptores y consumidores han conseguido como refugio insoslayable a su apetito por el conocimiento, dándole además la posibilidad de desenajenarse, de ser quienes, de alguna manera, se han colocado del otro lado para poder producir, editar, elaborar y fabricar nuevas formas de verdadera comunicación de tipo sincera y auténtica, sin mediación ni control, de esa que muchos siempre necesitaron.

Es así como la red de redes se presenta como el soporte que ha dado lugar a la convergencia de todos los medios posibles conocidos y de seguro por conocer. Todo proceso de cambio y desarrollo acelerado conlleva situaciones incontrolables, tal es el caso del exceso y descontrol en la subida de información a la red. ¿Infoxicados? definitivamente,  ¿hay vacuna? sólo, y en esto radica el papel y esfuerzos de reinvención de profesionales y amateurs que inyectan y modelan la red, se tiene de aliado a la credibilidad, a ese medio, espacio, productor, webmaster o como se llame, según el caso, que suba a la red, guiado por la conciencia y la racionalidad, materiales enriquecedores, útiles y trascendentales para su uso y consumo.

Sólo así podremos estar en plenitud para afirmar que pertenecemos no sólo a una localidad (vecinos), región (estado), nación (país), sino a una sociedad del conocimiento a una sociedad de la información congruente, progresista y por sobre todo racionalizada. Todo lo que sube tiene que bajar, es cierto, pero que lo que baje me edifique y me haga un mejor ser humano.

 

Homo videns y la sociedad teledirigida

Mucho se ha profundizado sobre el tema de la televisión y de sus consecuencias negativas y positivas y mucho se ha hecho al respecto, algunas buenas otras no tanto, pero definitivamente muchas negativas como por ejemplo seguir produciendo televisión, además de chatarra, dirigida a públicos con niveles culturales que no les permite discernir entre lo real y ficticio, ese tipo de programas donde las miserias humanas se explotan sin control y se convierten en el desencadenante de las más bajas pasiones, exaltando la ira, la soberbia, el orgullo, la venganza, la mentira, y aun peor la cultura de la muerte como valores sociales dignos de ser difundidos por la televisión.

Nada más descabellado y denigrante que esto, pero eso es lo que muchos consumen visualmente y además les gusta. Leyendo a Giovanni Sartori pude entender su radicalización hacia lo que constituye la televisión y sus efectos negativos y lo que él denomina como homo videns que no es más que ese hombre vídeo-formado que se ha convertido en alguien incapaz de comprender abstracciones, de entender conceptos, que han sido sustituidos por las imágenes.

Bien es cierto que una imagen puede valer más que mil palabras pero también es verdad que un millón de imágenes no dan un solo concepto y esto es lo que lleva a Sartori a afirmar que el mundo de imágenes que nos ofrece el video-ver desactiva nuestra capacidad de abstracción, nuestra capacidad de comprender los problemas y afrontarlos racionalmente.

Saltan a la mesa algunas preguntas interesantes que bien podríamos tratar de responder en razón de nuestra formación en el área del periodismo digital.

 

¿Qué papel juega el periodista digital en este nuevo contexto de usuarios Homo Videns?

Haciendo consciente nuestro papel dentro de esta sociedad los profesionales de esta área se ven obligados a profundizar cada vez más sus conocimientos y a desarrollar las nuevas herramientas tecnológicas, tomando en cuenta el contexto mediático y por supuesto el ingrediente globalizador para afrontar desde un punto de vista más social una actitud integradora donde la verdad y la coherencia del discurso se conviertan en razón y motivo de los periodistas digitales.

 

¿Cómo hacer para que nuestros lectores, el homo videns y el homo sapiens se complementen?

Considero que no están divididos como lo comenta Sartori, ya hoy se percibe que ese que mira y consume televisión se está colocando en una posición mucho más crítica incluso está generando contenidos mucho más críticos que algunos medios de información y es a través de la WWW donde han conseguido esa plataforma necesaria para hacerse escuchar y leer sin que ninguna línea editorial le limite en criterios y opiniones. Esta realidad nos lleva a buscar perfeccionar y profundizar en nuestra tarea de comunicar para conocer y dominar cada vez más las herramientas tecnológicas para hacer de la red un espacio más social.

¿El periodismo -por su inmediatez- puede explicar las imágenes que comunica/informa?

La televisión por responder a criterios editoriales tiene esta opción muy limitada pues se comunica lo que los propietarios quieren que se comunique pero es a través de internet que se está logrando detallar y profundizar lo que los contenidos denotan y connotan, pues ofrece espacio ilimitado para trascender la noticia inmediata y hacerla mucho más completa y que perdure durante más tiempo, permitiendo así actualizar y agregar elementos que la complemente y profundicen.

¿Con qué herramientas contamos en nuestra profesión para dar explicaciones de los hechos?

La mejor de las herramientas con que cuentan los comunicadores dedicados al área digital son la veracidad y búsqueda de la verdad pero con un elevadísimo uso de la conciencia y éstas utilizadas a través de las herramientas tecnológicas se puede mostrar al mundo una explicación de los hechos y acontecimientos de manera más clara y objetiva para lograr así que día a día sean más los usuarios que protagonicen sus propias historias y se sientan más involucrados en el desarrollo de la sociedad de la cual forman parte.

El periodismo ante la tecnología hipertextual

Hace ya dos décadas, Henri Berr (1989) expresó “Para que haya periodismo es necesario que aparezca en la sociedad una determinada civilización con cierto grado de complejidad técnica”. Veinte años atrás ya los especialistas vislumbraban las dimensiones y complejidades que involucran la tecnología de los medios de difusión, información y comunicación.

Para este ensayo sobre el Capítulo 5 del Manual de Redacción Ciberperiodística de Díaz Noci, J. y Salaverría, R., donde muchos de estos teóricos esbozan y escudriñan los intríngulis del mundo de las tecnologías de la comunicación, vale destacar algunos aspectos que claramente hacen que como periodistas nos veamos en el espejo de distintas experiencias ya probadas y comprobadas para tomar lo que verdaderamente es vital para nuestro desarrollo como periodistas multimedia.

Fidler (1989) destaca que los distintos tipos de medios que conocemos coexisten y coevolucionan dentro de un sistema complejo de adaptación a las tecnologías lo que implica su crecimiento, todos surgidos gradualmente de la metamorfosis de los medios más antiguos.

Pero no sólo evolucionan los medios sino su contenido, como bien lo expresa Mariano Cebrián (1992), quien afirma que los géneros periodísticos han desarrollado características propias según el medio y tanto este proceso de adaptación como el surgimiento de nuevas formas de contar una historia es lo que ofrece internet a cada instante a través del llamado ciberperiodismo, disciplina que ha dado otra forma al periodismo donde ya no basta buscar, analizar y describir la información, sino que es necesario enlazarla para que el usuario tenga la opción de profundizarla en la medida de su interés, tiempo y gusto.

El periodista debe tener en cuenta que la información ya no es secuencial sino transversal, lo que implica un cambio en la mentalidad y supone el desarrollo de capacidades de asociación de cara al nuevo periodismo hipermedia. Sobre todo cuando se hacen estimaciones que suponen una menor disposición del lector a estar frente a la pantalla para leer en contraposición al tiempo que dedica el lector a la prensa escrita en papel.

En esto recomiendan los expertos lograr una fórmula intermedia donde los textos no se conviertan en interminables pantallas y donde se ofrezcan enlaces a nuevas páginas y contenidos relacionados donde el lector tiene la plena potestad de decidir hacerle clic o no.

Ésto no es más que lo que todos conocemos como el hipertexto, el cual constituye la base de este cambio en la manera de pensar, leer y presentar la información. Se trata pues de un lenguaje que emula la organización asociativa del la memoria humana y ha sido catalogado como la tecnología que utiliza una base de información en bloques de contenido llamado nodos y que están conectados a través de una serie de enlaces que además te puede permitir recuperar la información destino.

Lo importante de los hipermedios es que surgen de la combinación del uso del hipermedio y el multimedia y son estructuras verdaderamente dinámicas donde el lector es emisor, asumiendo la gran responsabilidad de ser quien comunica. Bien puede una noticia ser la puerta de entrada a todo un universo multimediático donde convergen fotografías, gráficos, imágenes en movimiento, videos y sonidos y en muchos de los casos son los lectores los que intervienen, directas o indirectamente en ellos o bien son quienes sin el menor menoscabo a la libertad expresan sus ideas a través de los foros o chats.

Llama particularmente la atención las cinco características que hacen los autores del nuevo discurso cibernético (multimedialidad, hipertextualidad, instantaneidad, interactividad y universalidad) que recogen y explican por sí mismas la espectacularidad de recursos que ofrece la red y muchos de los medios guindados en ella, donde el límite geográfico y de espacio es verdaderamente insignificante.

“Escribir para la web es mucho más que pensar en las posibilidades del hipertexto, es concebir una arquitectura multimedia en la que las historias satisfagan todas las necesidades informativas de los usuarios” (Díaz y Salaverría, 2003). Hago esta referencia pues es el punto que considero más determinante al hablar de lenguaje periodístico digital y sus géneros, pues quien no multipiense – ¿es válido este término? – bien no debería intentar ser un periodista multimedia.

Es entonces el ciberperiodista aquel que transita por la red, utiliza la multiplicidad de recursos del discurso cibernético (los cinco anteriores) y piensa en el usuario como aquel que le puede dar una respuesta inmediata. Es necesario, como dicen los autores “encontrar buenas historias, contar con excelentes fuentes informativas y tener talento para escribir bien”.

En este sentido hago referencia al español David Beriain, joven periodista multimedia especializado en conflictos armados, quien, durante su conferencia realizada en la Universidad Monteávila, nos dejó saber siete aspectos que deben prevalecer en nuestro trabajo periodístico y que a continuación enumero para finalizar este pequeño resumen sobre el lenguaje hipertextual:

  1. La historia dura lo que tiene que durar
  2. La historia siempre manda, lo demás depende de la historia
  3. No cuentes lo que puedes mostrar
  4. No hables de lo que pueden escuchar
  5. No grabes en video lo que puedes retratar en fotografía
  6. No quedéis sin contar lo que no puedes mostrar ni retratar
  7. El que quiera leer va a leer

Irábert López Quintero

C.I. 9830422


Reflexiones folosóficas y antropológicas del ser humano

¿Cómo conoce el ser humano su propia verdad?

Partiendo del hecho de que el hombre es, en sí mismo, la composición de cuerpo y alma, es decir la conjugación de los coprincipios biológicos y biográficos, se hace necesario tomar en cuenta algunas de las características propias de la especie humana para llegar a determinar cómo el hombre conoce su propia verdad.

Es sólo a través del conocimiento de sí mismo, de sus potencialidades y de su naturaleza que la verdad se hace presente para el hombre. En su camino por conocer su verdad, cosa que desde los orígenes mismos de la humanidad ha hecho, ha descubierto que como hombre ha tenido la libertad de ser lo que ha querido, y esta posibilidad de tomar el camino que quiera es lo que le ha otorgado esa capacidad de verse desde afuera separado de sí pero en sí mismo al mismo tiempo, esa excentricidad le ha permitido saberse desde afuera para definirse desde adentro.

Ha conocido el hombre sus capacidades intelectuales, entendiéndolo todo por el sólo hecho de quererlo entender; ha sabido hasta qué punto ha llegado a cumplir su voluntad, conociendo incluso los límites de ésta y ha sido libre por propia condición humana. Estas tres características se constituyen en el eje de de su propio conocimiento, tanto práctico como teórico.

Desde siempre el hombre ha tenido la tendencia o inclinación (apetito) por lograr la plenitud, entendida como el crecimiento y desarrollo por el bienestar, esta inclinación es natural, viene dada por su propia condición. La satisfacción de sus necesidades (biológicas y psicológicas) responden entonces a esta plenitud y es el conocimiento de su propia verdad  lo que lo hace más satisfecho y feliz.

Pero para conocer su verdad no sólo debe valerse de lo que ya se ha explicado (inteligencia, voluntad y libertad) sino que tiene que abrirse a esa verdad que le es propia y necesaria. Hay tres vías para conocer esta verdad: 1. Conocimiento espontáneo: son las verdades que vienen del común sentir de los hombres; 2. Conocimiento Científico Experimental: es el uso de métodos para trascender la mera observación y 3. El conocimiento Intelectual: es el alcance metafísico, es el saber esencial y universal de las cosas transcendiendo la experiencia. Así mismo el conocimiento por testimonio, que no es más que la referencia que nos da otra persona sin necesidad de evidencia, y el conocimiento afectivo que viene dado intuitivamente por empatía, resultan también determinantes en la  constante búsqueda de la verdad.

Es así como el hombre en la medida en que conoce la realidad y el mundo que lo rodea mejor se conoce a sí mismo como un ser único e irrepetible dentro de la especie humana. De esto se nutren la filosofía (visión integral del universo y  del ser humano) y la antropología en sus tres tipos (física, cultural y filosófica), bien se podría hacer una descripción detallada de estas ciencias pero sería apartarnos del objetivo de saber cómo conoce el ser humano su propia verdad, respuesta ya dada en párrafos anteriores.

La sociabilidad es otro elemento que debe considerarse para el estudio de la búsqueda constante de la verdad, pues es, además de condición humana intrínseca, el estado inseparable del propio ser, el hombre es inviable sin sociedad, no sería hombre si no existiera esa relación con el otro. Científicamente comprobado la necesaria integración del hombre por el hombre, negar esa relación sería negar al hombre mismo como especie, como raza, como animal social.

Buscando en la web hombre es Mamífero primate dotado de inteligencia, que camina en posición vertical, posee manos prensiles y un cerebro voluminoso, y se comunica por medio de un lenguaje articulado (http://es.wiktionary.org/wiki/hombre), esto es definitivamente escueto. Otro resultado fue el siguiente: Esta es la pregunta primera y principal de la filosofía. ¿Cómo puede contestársela? La definición se puede hallar en el hombre mismo y en cada hombre por separado. ¿Pero es justa? En cada hombre puede hallarse lo que es “cada hombre”. http://www.gramsci.org.ar/8/27.htm

Queda en el tintero la determinante condición espiritual del ser, que al igual que la biológica es una dimensión inseparable en el hombre, es el alma misma de este hombre dotada de inteligencia, voluntad y libertad y es la motivación por conocer su propia verdad como ya se dijo desde el inicio de este ensayo que es el hombre la composición de cuerpo y alma.

“El hombre es el mayor de los animales y el más bajo de los espíritus” (Aranguren 2003).

¿Por qué necesita el ser humano aprender?

En el hombre existe la determinante condición espiritual del ser, una dimensión inseparable, el alma misma de este hombre dotada de inteligencia, voluntad y libertad y que es la motivación por conocer su propia verdad. Así tenemos que el hombre es composición de cuerpo y alma. Y para explicar esto citaba en el ensayo anterior una frase de Aranguren (2003): “El hombre es el mayor de los animales y el más bajo de los espíritus”.

Y es precisamente su condición espiritual la que coloca al hombre en esa elevada posición con respecto al resto de los seres vivos del reino animal, pues es inteligente, posee voluntad y libertad para buscar respuestas a sus interrogantes y los caminos para obtenerlas.

Pero es también el más bajo de los espíritus porque aunque goza de esas capacidades está conectado a tierra, es decir es terrenal, condición que lo limita de esa elevación de que gozan los seres espirituales producto de la sabiduría.

Es allí donde radica la razón del por qué el hombre necesita aprender, necesita conocer y saber de las cosas, del mundo, de sí mismo, de cómo se desarrollan las cosas tanto sencillas como complejas. Es la sabiduría lo que hace del hombre diferente del resto de los animales, es la sabiduría lo que le permite evolucionar espiritualmente y alcanzar niveles de conocimientos que redunden en sus propios beneficios, en su propio progreso y desarrollo.

En la medida en que el hombre conoce en esa medida se acerca a la perfectibilidad, haciendo que viva con mayor intensidad, pues conocer es poseer inmaterialmente la realidad conocida, cuanto más conoce el hombre más sale de sí mismo para vivir las demás cosas que lo rodea y que le eran ajenas, haciéndolas suyas aunque sea por el conocimiento. Por esto necesita conocer el ser humano para hacerse del conocimiento de todo aquello que le llama la atención, le intriga y le mueve.

Para contar y tener el dominio de la sabiduría, saber y conocer es poder hacer más cosas con sentido, con lógica no por inercia sino por una razón aparente que lo justifica.  Cito un texto que vimos en clase “…el hombre es un ser abierto al infinito. Un ser con ansias de eternidad, llamado a la plenitud, que no se ve consumado plenamente en este mundo.” Esta apertura al infinito es necesidad, esas ansias son la motivación y deseos por el saber y conocer.

Bien lo afirma la frase “El hombre necesita saber quién es él para saberlo de manera plena” (Ana María González 2006) la plenitud que otorga el conocimiento es razón y vida del hombre “Más importante que saber <de qué> va uno a vivir, importa mucho más saber <para qué> va uno a vivir” (Carlos Cardona 1990). Esa búsqueda de razones y respuestas de los porqués es lo que explica la pregunta que encabeza este ensayo.

En el ensayo anterior se trató de dar respuesta a ¿Cómo conoce el ser humano su propia verdad?, donde, entre otras ideas, se concluyó que el hombre en la medida en que conoce la realidad y el mundo que lo rodea mejor se conoce a sí mismo como un ser único e irrepetible dentro de la especie humana y este conocimiento es el que le permite esa apertura al mundo, al infinito, a la sabiduría universal.

Aprender, conocer, saber tienen como finalidad esa búsqueda habitual de conocimientos y es el estudio formal una de las vías para lograrlo, pero otro de los aspectos que agregan valor a esta eterna búsqueda del hombre es la reflexión que se hace de las experiencias vividas, actuamos según lo que conozco y hemos vivido, mientras más aprendo y vivo más clara será la visión que pueda tener de la realidad.

Todos conocemos personas que tienen la habilidad para lograr conclusiones de manera rápida teniendo una respuesta y explicación para cualquier asunto y generalmente con asombro pensamos que esta persona parece que todo lo supiera. Ciertamente es así pero desarrollar estas capacidades sólo es posible a través del aprendizaje, de desarrollar la capacidad de abstracción ante cualquier hecho o situación y por supuesto de la capacidad de relacionar hechos, conocimientos y experiencias para poder tener un criterio bien formado y dar una respuesta oportuna y acertada en cada caso.

A medida que vivimos, conocemos y aprendemos queremos profundizar sobre cada aspecto de manera casi mecánica pero al hacerlo de forma reflexiva es cuando logramos vislumbrar en nosotros esa sabiduría y que responde al por qué necesita el ser humano aprender.

¿Cómo funciona armónicamente la inteligencia, la voluntad y la afectividad en el ser humano?

¿Cuál de las tres debe guiar a todas?

A medida que vivimos, conocemos y aprendemos, queremos profundizar sobre cada aspecto de manera casi mecánica pero al hacerlo de forma reflexiva es cuando logramos vislumbrar en nosotros esa sabiduría que hace de la especie humana la más elevadas de las especies.

Así quedamos en el ensayo anterior, pero todo esto responde también a otros elementos que entran en juego y que merecen ser analizados por su valor en el desarrollo de la personalidad de cada ser humano.

En el transcurso de nuestra vida estamos sometidos a una cantidad de experiencias que nos van a marcar y que determinarán la forma en que vemos al mundo y sus fenómenos. Pero revisemos estos tres términos para establecer un criterio para responder a la premisa.

La inteligencia, según la filosofía, se obtiene al final de la vida, pero se va creando paso a paso, con los actos, las responsabilidades, la disciplina, es en fin el producto de la experiencia vivida. Etimológicamente, inteligente es quien sabe escoger. La inteligencia permite elegir las mejores opciones para resolver una cuestión.

Por su parte La voluntad es la capacidad para llevar a cabo acciones contrarias a nuestras tendencias inmediatas, es el poder de elección de la conciencia, el sentir y la acción dirigida por ellos.

Y la afectividad tiene que ver con la emoción, los sentimientos, la pasión, todo eso que nos hace sentir algo, que nos proporciona satisfacción, tiene que ver incluso con el amor que sentimos por personas y situaciones determinadas.

Son tres aspectos que diariamente determinan nuestras acciones y entre las que muchas veces no sabemos por cual decidirnos, pues cada entraña un camino muchas veces diferente por el cual transitar y es allí donde radica en muchas ocasiones la asertividad al tomar una decisión.

Ahora bien ¿cómo tratar de explicar cuál de estos aspectos debe prevalecer al momento de tomar una decisión? ¿Cuál de las tres debe guiar a todas?

Quizá para muchos sea sumamente complicado debatirse entre las tres incluso para algunos pudiera resultar verdaderamente estresante, más hoy cuando esta enfermedad además de moda indica estatus, pero además de esto muchas veces no es fácil, en la práctica, mirar con claridad un problema cuando la mente se obnubila por los embates sensibles de la pasión; o cuando por muy clara que vea una solución no se tiene el ánimo ni la disposición de dar el paso que nos lleve a conseguir ese fin dejándonos derrotar por la falta de voluntad.

Otro caso quizá un tanto más cruel o crudo es cuando por mucha voluntad se que tenga y disposición a emprender el camino hacia una solución y se esté además movido por las fibras más álgidas de la emotividad no se logra ver la salida, obviamente por carecer de criterios, de lógica, de un buen juicio para discernir entre lo que puede ser o no verdaderamente correcto, pues aunque se crea que ése es el camino adecuado sencillamente quizá no se cuente con la sabiduría necesaria para poder ver a modo Holywood: un final feliz.

Es pues, a través de la experiencia (bien vivida), el conocimiento (aprendido e instintivo), la empatía con los iguales (yo en ti) y socorridos por la espiritualidad que hayamos logrado alcanzar en nuestro buen andar, sólo así es que podremos hacer de estos tres elementos o aspectos de la vida los aliados estratégicos para concebir en nuestra existencia la armonía que supone su conjugación.

¿Quién es el ser humano?

“Un puñado de genes… pero con una dimensión espiritual que le atrae poderosamente hacia Dios”.

Revisando en la red me topé con esta frase y me llamó la atención cómo de una idea tan elemental existe todo un proceso evolutivo e histórico del hombre.

Partiendo del hecho de que el hombre es, en sí mismo, la composición de cuerpo y alma, es decir la conjugación de los coprincipios biológicos y biográficos, se hace necesario tomar en cuenta algunas de las características propias de la especie humana para esgrimir una aproximación a lo que es el ser humano.

Pascal (+1662) para expresar la complejidad del ser humano dijo “Nada comparado con el infinito y todo comparado con la nada, un eslabón entre la nada y el todo, pero incapaz de ver la nada de donde es sacado ni el infinito hacia el que es atraído”. Idea en la que se cruzan lo que muchos filósofos han denominado los tres infinitos: lo infinitamente pequeño, lo infinitamente grande y lo infinitamente complejo.

Ahora bien, la persona humana es dueña de sus propio obrar, es capaz de donarse a si misma y conocer y amar a Dios, estas son nociones aplicables a todos los hombres de modo absoluto y son las que determinan precisamente la singularidad de cada uno y la condición de irrepetibilidad de la que gozamos. Pero principalmente son estas las características que nos hacen a todos iguales ante Dios, un Dios del que somos imagen y semejanza según la enseñanza de la revelación, pues somos fruto de un acto creador, libre y amoroso de Dios.

De esta verdad se desprende aquello que resulta infinitamente complejo, y es precisamente en donde nos apoyamos para participar más plenamente de la perfección divina, de esa condición que tenemos como seres humanos gracias a la inteligencia emocional, donde además de sentirnos incompletos, y naciendo todavía, somos un proyecto infinito que reclama su objeto adecuado, también infinito, llamado Dios.

Pero hemos respondido ¿qué es el ser humano? Quizá no quede claro pues forma parte precisamente de la complejidad de la que gozamos como raza, esencia y persona. Bien sabemos que estamos compuestos de cuerpo y alma pero qué es de ese cuerpo sin alma y de esa alma sin cuerpo. Pues nada, el cuerpo es cuerpo gracias a la unión sustancial con el alma, porque está animado por el espíritu, y sin alma no puede haber cuerpo, pues el alma es la forma del cuerpo.

Y la relación entre el alma y el cuerpo, su conjugación es lo que compone al ser humano, pues es humano precisamente por ser encarnado, por estar hecho carne. Lo que le pasa al alma se refleja en el cuerpo, en tanto que es la materialización de nuestra espiritualidad es la esencia de cada uno hecha materia, o lo que es lo mismo la corporeidad, es decir la persona completa cuerpo y alma.

Todos nuestros actos, la forma en que llevamos nuestras vidas está determinada por la manera en que tratamos, manejamos, cuidamos tanto nuestra alma como nuestro cuerpo. No podemos cultivar una separada de la otra, pues en algún momento caeremos en crisis pues o el alma o el cuerpo enfermarán.

Así como actúo en relación con los seres que me rodean, así mismo me reflejo frente a ellos mismos, así mismo como alimento mi alma, mi espíritu en esa medida es el reflejo que doy a mis semejantes. Lo mismo pasa con el cuerpo en la medida que lo cuido y cultivo con la alimentación adecuada y los cuidados necesarios, en esa medida me responderá a las exigencias que le haga día a día.

Somos entonces lo que queremos ser, difícil resulta para muchos ser cada vez mejor, pero es una decisión netamente personal. Sólo en nuestras manos está la respuesta de qué es el ser humano y no hay otra manera de saberlo que a través de nosotros mismos, de nuestros actos, de nuestra manera de hacer de nuestra vida un propio ejemplo en el que día tras día nos podamos ver reflejados como el ejemplo a seguir.

Sólo así podremos saber qué somos y qué queremos ser.

Irábert López Quintero

9830422

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